lunes, 28 de julio de 2014

ORIENTACIÓN Y ENFERMEDAD, 1. LA HEPATITIS.

   Creo que somos mayoría los que practicamos la orientación porque, a pesar de su componente de aventura, es una actividad deportiva cuya práctica reporta beneficios tanto para la salud del cuerpo como para la de la  mente. Digo a pesar de su componente de aventura porque al practicarse en terrenos con suelo irregular y al aire libre no podemos negar el que hay un cierto riesgo de sufrir una serie de lesiones y dolencias que se pueden presentar con cierta frecuencia. Es hasta cierto punto lógico que los practicantes de la carrera de orientación terminemos las carreras e incluso sesiones de entrenamiento en bosque con arañazos y contusiones provocados por ramas, piedras, vallas, etc.; también con erupciones cutáneas provocadas por picaduras de origen animal y/o vegetal así como por reacciones alérgicas. Aunque, por fortuna menos frecuentes, también es común que se produzcan lesiones como los esguinces de tobillo y rodilla en diversos grados. Y no hemos de olvidarnos de las caídas, cuyo desenlace y gravedad pueden variar ostensiblemente.

   Existen, sin embargo, otro tipo de consecuencias adversas que no son exclusivas de la orientación pero que los orientadores y orientadoras hemos venido sufriendo a lo largo de los años y que son consideradas, no ya lesiones, sino enfermedades. Dichas enfermedades han llegado a condicionar desde el calendario de competiciones, a la obligatoriedad de llevar una indumentaria u otra para evitar contagios, etc. No me es grato tratar este tema pero creo que hay que tomárselo en serio porque alguno de los brotes de ciertas enfermedades que se han dado han llegado incluso a provocar la muerte de algunos miembros de esta nuestra gran familia de la orientación. Hoy en día vemos a algunos participantes que, incluso en carreras de bosque, llevan camisetas sin mangas o con pantalones cortos y sin proteger las piernas al completo. Yo quiero que  todos puedan correr a su aire, y si todo balance de daños quedara en unos simples arañazos la cosa no revestiría mayor gravedad, lo malo es que a veces las consecuencias son bastante más graves.

   A continuación daré alguna información que no pretende infundir miedo, sino respeto y prudencia. La baja frecuencia de situaciones críticas puntuales ya nos está diciendo que, en general, no debemos vivir y practicar la orientación de un modo temeroso, pero si que es conveniente aprender el que hay situaciones que pueden darse, así que lo más conveniente es prevenir y evitar algunas conductas.

hepatitis

   “Alrededor de 1960 muchos orientadores suecos comenzaron a desarrollar ictericia, un signo de hepatitis. Los casos eran tan numerosos que crecieron las sospechas. Se abrieron investigaciones tanto en Suecia como en Noruega. En Noruega 65 orientadores habían sufrido ictericia a lo largo de los últimos 10 años, la mitad de ellos en los últimos 2 años de esos 10. Seis de cada mil orientadores habían sufrido la enfermedad de un modo relativamente reciente. La situación en Suecia era incluso más grave. 178 corredores contrajeron la enfermedad en 1961, siete de cada mil orientadores habían contraído la enfermedad sólo en ese año. Al año siguiente el 80% de los casos de hepatitis en Suecia se dieron entre 25.000 orientadores, quienes sumaban sólo el 0´3% de la población. La situación se volvió dramática y estaba claro que había que hacer algo. En la primavera de 1962 la orientación se prohibió en Suecia. En Noruega se mandó a los orientadores el que usaran polainas u otra protección de rodillas a tobillos. El número de casos descendió, pero no mucho. En Suecia se obligó a correr con todo el cuerpo cubierto en 1963 y no se reportaron nuevos casos de ictericia. La obligatoriedad de correr con todo el cuerpo cubierto se mantuvo los dos años siguientes, de nuevo no se encontraron nuevos casos de ictericia. Parecía que el peligro había pasado. En 1965 las normas de vestimenta se relajaron. Esto dio lugar a que en Suecia se dieran inmediatamente 40 nuevos casos de hepatitis. En Noruega aparecieron 21 casos nuevos el mismo año, 12 de ellos en el mismo club. Las normas en cuanto a precauciones sanitarias prescritas por las organizaciones también se volvieron más estrictas. Tras ello, la aparición de la ictericia entre los orientadores se daba en la misma proporción que en el resto de la población. Se tardaron bastantes años desde que la ictericia fue descubierta hasta que se tomaron medidas drásticas para evitar su contagio, una de las razones es que los primeros casos aparecieron muy dispersos. Médicos diferentes atendieron casos distintos y la primera señal de hallarse ante una epidemia no pudo detectarse. La situación también se complicó porque muchos casos aparecieron durante el invierno y no durante la época de carreras. La forma concreta de hepatitis que aquejó a los orientadores tenía un período de incubación de 80 a 120 días. Aunque de todos los orientadores afectados sólo uno muriera de hepatitis fueron muchos los que sufrieron sus efectos durante años.”

   La situación descrita en este fragmento escrito por Bernt O. Myrvold no tiene que parecernos ajena, de un modo similar se repitió hace pocos años. ¿Significa esto el que hemos de correr exponiendo la mínima superficie de nuestra piel todo el tiempo? Pues no necesariamente, pero tampoco debería extrañarnos el que al ir a competir se requiera de nosotros el que corramos con manga larga y cubriendo también todas las piernas. Son medidas que se toman por nuestro bien y para evitar epidemias. De si se respetan o no dichas medidas, por mucho que nos moleste hacerlo, puede depender el que se llegue a prohibir temporalmente la práctica de la orientación por motivos de salubridad pública.