viernes, 16 de diciembre de 2016

DE LOS UNOS Y LOS OTROS

 A lo largo de los años inmerso en el mundillo de la orientación he conocido muchas personas y, aún a riesgo de resultar un tanto reduccionista, he venido a identificar dos clases de comportamiento “extremo” entre aquellas personas que no se han conformado con competir y, en algún momento, decidieron dar un paso adelante a favor del desarrollo de la orientación.
  Por una parte está el apasionado de la naturaleza, tal vez heredero del sentimiento que Félix Rodríguez de la Fuente hizo nacer en tanta gente hace ya unas décadas con su labor divulgativa, o simplemente seguidor de una dinámica autodidacta o de una tradición familiar. Éste ha llegado a la orientación procedente de otras actividades al aire libre y ha encontrado en ésta una buena opción en la que satisfacer sus ansias de desafíos físicos y mentales. Este tipo de gente tal vez se haya implicado en la creación y/o gestión de un club, federación, etc., abogando por el crecimiento y asentamiento de este deporte, ofreciendo parte de su tiempo en una dinámica de promoción vía cursillos, organización de pruebas, etc.. Pero no nos engañemos, lo que le gusta a un sujeto tal es moverse, hacer cosas, salir al campo; sin embargo, asistir a tediosas reuniones, leer actas de reuniones pasadas, llevar una tesorería o buscar patrocinadores, se le antoja una tortura.
Con este tipo de individuos no valen lisonjas, cumplidos o adulaciones. Cumplen con la tarea a la que se comprometen por motivación intrínseca, del logro por el logro. No esperan condecoraciones ni palmaditas en la espalda; es más, éstas les pueden hacer desconfiar. Así pues, son capaces de elaborar complejos planos o incluso de cargarse sobre sus hombros la mayor parte del trabajo de organización de una carrera si creen que el lugar en el que se desarrollará tiene un gran potencial para nuestro deporte. Sin embargo, dichas personas aunque pacientes y tolerantes, pueden ser de mecha corta y mandarlo todo a la mierda ante un funcionario prepotente, un político pusilánime, o un compañero de organización con ganas de imponer su criterio o de ponerse una medalla que no le corresponde. Insistentes pero inconstantes a un tiempo, estas personas son capaces de lo mejor y de lo peor, de demostrar gran capacidad de trabajo y sacrificio en pos de un proyecto en el que creen al 100%, pero también de pegar una espantada o tener una acalorada discusión por lo que pueden interpretar como un “ataque” a sus fundamentos o principios, por ínfima que sea la razón.
  Hay, por otra parte, otro tipo de “hacedores” de la orientación. Son más correosos, fibrosos, se manejan bien en los enfrentamientos dialécticos en las distancias cortas; conciben su presencia en la orientación a más largo plazo y esto les hace ser más “maquiavélicos”. Estos no explotan, más bien observan desde las sombras. Son más amigos de ocupar cargos en alguna Junta Directiva (club, federación territorial, etc..), y de moverse en los despachos. Sin duda prefieren estar en el bosque, pero no se manejan mal entre cuatro paredes. Se saben parte de una jerarquía y la respetan y hacen respetar. Bajan la cabeza ante sus superiores, la mantienen a la altura de sus iguales y la levantan levemente ante quienes consideran por debajo de su condición, si es que la soberbia y la arrogancia ya han hecho presa en ellos. En muchos casos representan el “cuñadismo” aplicado a la orientación: saben de todo y tienen mucha “psicología”, o sea, presumen de conocer a las personas y de darles el trato más apropiado con sólo un golpe de vista. Licenciados de bar, aburren a sus amistades y/o familiares apoyados sobre una barra mientras les cuentan sus hazañas en los más diversos terrenos.
 Resulta curioso escucharles cuando dicen que están hartos de esa dinámica, pero lo cierto es que nunca la abandonan y si lo hacen ya es por causas de fuerza mayor o por haber sido sustituidos tras un proceso de votación. Si esto ocurre, lo normal es que dediquen, a quien les ha arrebatado su cuota de poder, una larga lista de insultos y descalificaciones. Estos elementos se creen indispensables y se manifiestan como pieza necesaria para que se organice tal o cual competición, considerando de igual o mayor magnitud el haber hecho unas cuantas llamadas telefónicas a realizar un plano, un trazado, etc.. No está de más recordar que sin avituallamiento, suelo duro, la presencia de un alcalde en la entrega de premios, etc., una prueba de orientación se puede llevar a cabo; sin plano y sin balizas, no.

 En fin, ha sido éste un ejercicio de exageración y caricaturización acerca del comportamiento de unos individuos que probablemente no existan ( o tal vez si ), ya que cuesta creer en la existencia de alguien con una personalidad tan “desenfocada”. Para realizar estas descripciones no me he basado en nadie en particular sino en un compendio de varios personajes que me han venido a la mente. Por cierto, si yo tuviera que encasillarme en alguno de estos estereotipos, sin duda, lo haría en el primer ejemplo. ¿Y tú?,¿te reconoces en alguna de estas dos descripciones?

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