domingo, 30 de abril de 2017

¿SON SÓLO PALABRAS?

 El escritor argentino Jorge Luis Borges manifestó a una avanzada edad que se arrepentía de no haber dedicado más tiempo al conocimiento de la lengua alemana. Si que lo hizo con la lengua inglesa (creció hablando inglés y castellano en su ámbito familiar), pero no así con el idioma germano. Supongo que conoció un poco acerca del mismo (se dice que aprendió alemán con la única ayuda de un diccionario), pero lo suficiente como para darse cuenta de que se hallaba ante un cuerpo de conocimiento filológico en el que hubiera merecido la pena sumergirse a placer.
 Lo mismo me ha sucedido a mí ante el asombro de descubrir algunas palabras del alemán con un poder descriptivo muy concreto y que no encuentran un equivalente en la lengua castellana, lo cual nos obliga a utilizar varias palabras para expresar el mismo concepto. La primera de ellas pude conocerla ya hace varios años y, de forma recurrente, aparece ante mi por su relación con disciplinas humanísticas; la segunda apareció en mi vida hace pocos días gracias a la ayuda, vía facebook, de Nicolás Corvo. Las palabras son “zeitgeist” y “waldeinsamkeit”.

 ZEITGEIST puede traducirse como “espíritu de los tiempos”. El espíritu de los tiempos en el Renacimiento sería la recuperación del conocimiento y las artes de corte clásico con el claro referente de los imperios griego y romano en siglos pretéritos. Al pensar en el espíritu de los tiempos de España en los últimos años a mi me viene a la cabeza el término “corrupción”, y en el caso de Estados Unidos el término sería “guerra”. Así pues el zeitgeist vendría a resumir qué atributos caracterizan una sociedad, una cultura, una nación, etc.., en una época determinada. Pienso que es importante no dejarnos llevar por las tribulaciones del día a día, saber mirar más allá de nuestras narices y poder calificar con un solo término la situación histórica de una entidad determinada, porque de esa conclusión, de esa idea, se puede partir para tratar de cambiar las cosas, si el término es negativo, o para mantenerlas e incluso mejorarlas si el término es positivo.

 WALDEINSAMKEIT viene a significar: “La sensación de sentirse solo en el bosque, en unión con la naturaleza”. Casi nada. Lo ignoro totalmente pero me atrevería a especular con que este término hizo aparición en la etapa de la historia cultural de Alemania dominada por el Romanticismo. Anteriormente a dicha época, sentirse solo en el bosque no era una sensación gozosa, bien al contrario, si se daba tal situación ésta no era sino fuente de ansiedad, angustia, temor, etc.., y probablemente propiciada por haber acudido al bosque a la búsqueda de algún producto que sólo pudiera encontrarse en él (leña, setas, caza, etc..). El bosque, lugar donde habitaban los monstruos de nuestra imaginación, lugar dónde obtener un aprovechamiento económico, también es un lugar en el que “cargar las pilas”, sentirse bien, desarrollar la dendrofilia (amor por los bosques y los árboles), encontrarnos a nosotros mismos, explorar nuestra espiritualidad.

miércoles, 12 de abril de 2017

AGRADECIMIENTOS

 Es de bien nacido el ser agradecido, por ello, quiero dar las gracias a aquellas personas que te encuentras por la vida y que, con su ejemplo, te van mostrando el camino a seguir. Y si importantes son aquellos que suponen un ejemplo en positivo y a quien queremos parecernos, no lo son menos quienes son un ejemplo en negativo y nos muestran claramente qué comportamiento queremos evitar. Tales individuos abundan por doquier, el neoliberalismo galopante que campa a sus anchas en los países occidentales genera constantemente sujetos sin entrañas, conciencia, ni humanidad, capaces de vender su alma por un puñado de euros, poder, influencia…Son aprendices de psicópatas con un cierto carisma y bastante capacidad para manipular a los pobrecillos bienintencionados, esos “tontos” que se creyeron la principal lección de sus padres y/o educadores: Ser buena persona.

 A mi me dicen que tengo pinta de buenazo. No sé, me gusta pensar que lo que llevas por dentro se transmite al exterior. Pero, no lo voy a negar, las malas ideas también se me pasan por la cabeza, lo bueno es que trato de reconocerlas y anularlas, porque aquí me surgen algunas preguntas: ¿La buena gente nace o se hace?, ¿el bueno lo es porque no sabe ser de otra manera o porque en cada decisión que ha de tomar elige el camino de la bondad?, ¿se pueden hacer cosas malas tratando de ser bueno? y, ¿se pueden hacer cosas buenas tratando de hacer el mal?

 Retomando el planteamiento inicial, quiero dar mi más sincero agradecimiento a quienes me muestran el camino que NO he de seguir, que NO quiero seguir. Según parece los humanos tenemos dos formas de procesamiento de la información que manejamos, venga del exterior o del interior; una forma es automática, rápida, inconsciente, no consume apenas tiempo ni energía, la otra es elaborada, consciente, precisa de tiempo y energía mental. Si la respuesta al procesamiento que hacemos de la información en forma automática nos induce al egoísmo, al aprovechamiento propio, a no pensar en los demás, a no empatizar en absoluto, a perjudicar incluso a otros, parece ser que no nos convierte en malas personas, ya que estas respuestas automáticas son el resultado de siglos y siglos de evolución como especie en la que el objetivo fundamental es la adaptación a un mundo con recursos limitados para conseguir la supervivencia. Ahora bien, si somos tan obtusos y enajenados como para dejarnos llevar por esta primera respuesta instintiva y “animal”, o si, tras concedernos un tiempo para el razonamiento y la comprensión, seguimos optando por la misma, entonces si que somos malos de verdad. Un argumento esgrimido por quienes se dejan llevar por las primeras sensaciones y/o construyen sus razonamientos a partir de las mismas, es que dicen ser más naturales y que son más ellos mismos. Pero, ¿significa esto que quien se guíe por conclusiones fruto de una reflexión serena y analítica es menos natural, o que trata de ser quien no es realmente?.

 Son conocidas las expresiones que vienen a tratar de justificar comportamientos injustificables: “Si no lo hacía yo, otro lo hubiera hecho”, “o te adaptas o te pasan por encima”, “tu hubieras hecho lo mismo en mi lugar”, “la vida es así, es un mundo difícil, eres depredador o te comen”, “hay que ser listo…”, etc., etc.. Los rasgos de la personalidad de la mala gente también son conocidos: Un ego desmesurado (tal vez enorme ante los demás pero por disimular una evidente falta de autoestima y/o complejos ocultos) y sus defectos asociados: egoísmo, egocentrismo, egolatría. Una arrogancia más o menos oculta y que se manifiesta en una auto-imputada autoridad o prestigio. Un despotismo exacerbado en sus acciones. Una prepotencia carente de todo respeto hacia los demás. Una soberbia que aflora cuando se les planta cara o no les salen bien los planes, etc..
 Sus “armas” también son bien conocidas: La sonrisa falsa, tratando de generar confianza y cercanía para que los demás bajen sus defensas. El chisme, el bulo, el rumor, a espaldas de quien se quiere perjudicar o condicionar. La falsedad y la doble moral a la hora de criticar en otros lo mismo que se puede aplicar a ellos. El uso de el halago, el cumplido y la alabanza para ganarse a alguien…aunque luego se le machaque por detrás. Presentar como verdad absoluta su propia opinión. Asumir el papel de autoridad moral y demonizar a todo aquel que ose oponerse a su manipulación, etc., etc...

 Sinceramente, creo que este tipo de personas son totalmente prescindibles, pero ya que están ahí y hay que convivir con ellos, “utilicémoslos” para aprender qué es lo peor que puede ofrecer el ser humano, para aprender que tenemos alternativas, que podemos NO ser cómo ellos, que hemos de tomar la decisión de NO comportarnos como ellos; “usémoslos” para diferenciarnos de ellos y tomarlos cómo modelo de en qué NO queremos convertirnos, quién NO queremos ser. Démonos la oportunidad de disfrutar del silencio, reflexionemos, hagamos un análisis objetivo de nosotros mismos, eliminemos el ruido de nuestra mente y si, después de tal proceso, nos reconocemos como razonablemente buenas personas entonces alegrémonos e iniciemos una lucha firme pero pacífica contra aquellos sujetos que parasitan la vida de otros, individuos que, en el fondo, merecen lástima en vez de rencor. Si a pesar de mostrarles sus errores siguen empecinados en sus posturas y conductas entonces no merecen más que desprecio y que no les dediquemos ni un segundo más de aquello más preciado que tenemos: Tiempo.